Nada es, lo que parece.

Primera parte de cuentos que se quedan cortos 

NO TENGAS MIEDO…  ¡SIENTE!

De: María Gabriela Rodríguez

-SOFIA-

   Estaba recostada, tendida en un mullido sillón; se veía tranquila y serena, salvo por la expresión de su rostro. Denotaba cierta inquietud, con un indiscutible semblante de ¿alegría? tal vez deseo, a lo mejor, era lasitud.

   Sofía tenía la piel blanca como la leche, con las mejillas rosadas cual pétalos de rosa a medio abrir, tersa como un  durazno tierno y sin macula alguna; su cabellera enroscada, larga cual cascada de lava ardiendo, largas piernas torneadas, esculpidas en alabastro; alta para su edad,  un metro setenta y ocho, con desastrosos cincuenta y cuatro kilos, lo cual dejaba demasiados huesos a la vista y poca grasa acumulada.

   No traía en su haber absolutamente nada puesto; solamente la cubría un lienzo de seda empapado. Ya la antesala había sido testigo fiel, mudo y licencioso; cuando en medio de un forcejeo, la había despojado, una a una de sus ropas. Había comenzado por arrancarle la blusa; desprendiendo al mismo tiempo, su cabello recogido en lo alto de sus nuca. Al tenerla sin ella, desplazaba su boca de arriba abajo, perdigándola de ósculos. Alternando deslizar su lengua tramo a tramo de sus cuerpo; tembloroso, trémulo, ahogando sonidos intermitentes y espasmódicos. En momentos, cuando sentía que se desbordaba, gritaba y gemía, pero; no  hacía caso, continuaba, su búsqueda afanosa, palmo a palmo, de su erguido cuerpo.

   Disfrutó de quitarle la falda vaporosa, como si fuese segunda piel; entonces, ya había recorrido, con ambas manos desde los tobillos hasta recrearse dentro de sus piernas, logrando nuevamente un gemido. La depositó suavemente en el suelo, mientras la desplazaba lentamente y con ternura; hacia una moqueta, llena de almohadones.

La estancia amplia, con un dejo de reminiscencia de ese decorado recargado lleno de artefactos en aparente sin sentido, pero que daban un dejo de modernidad a un apartamento imaginario de un soltero. Nada parecido con su alcoba en casa, llena de muñecos de peluche regalados en cumpleaños ausentes de amor y de padres, con un armario atascado de vestimenta que ni siquiera había sacado para lucir.

 A un lado, ya tenía preparada y abierta una botella de vino tinto fría, en un cubo con hielos; mientras la llevaba cargando entre sus fuertes piernas, se oía de fondo, el rumor de la lluvia que azotaba los cristales. La música sin estar fuerte, se escuchaba como un fondo sutil pero cargado de sensualidad; que propiciaba al encuentro. Insinuaba las cosas más increíbles, como si dibujara, en su espacio; con las notas, paisajes y emociones.

La había situado suavemente en la estera; cuando hizo el intento de abrazarlo, para besarlo, no lo logró. Este, se defendía, como si no deseara, que fuese reciproco, pero no era así; terminó de desnudarla, con los dientes, mordiendo alternadamente las ropas, los pezones, hasta que arrancando con los dientes, la despojo de cada una de sus prendas; cuando se detuvo propiamente, el las bragas, hacia movimientos rápidos con sus manos a modo de acercarle un hielo, cuando deslizaba su boca en el vientre; su lengua fría fraguaba el hielo en cada milímetro de ella. Continuaba gimiendo, casi gritando; logró llegar al centro, en el justo punto, entre sus piernas largas y torneadas, acribillando con urgencia la lengua, provocando espasmos altamente rápidos; sentía como la humedad se hacía más y más y, al mismo tiempo  sentía, como iba introduciendo en forma rítmica pero al fondo, dentro de ella y se preguntaba ¿qué pasaba? si sentía el frio del hielo recorriendo el montículo que yacía entre sus piernas; como podía sentir que algo entraba y la dejaba lánguida de placer. Cuando a punto de gritar de deseo y lujuria, todo ceso. Regresó a la realidad, de la misma forma brutal, ahogando sus gemidos, disfrazando sus gritos, desviando las emociones para no desnudarse en realidad; para no dejar ver, que cada vez que pasaba por ese martirio, dejaba un pedazo de su alma y, un trozo de su corazón. Pero, cuando reaccionaba, ya había gritado… siempre sería igual; siempre sentiría como se quedaba a medias, siempre pensando porqué, a pesar de sustentar su vida, en eso; en sexo puro y abierto, sin inhibiciones, sin tapujos, siempre algo nuevo, siempre algo distinto a la “normalidad” por eso, no se quejaría nunca. No por lo que representaba en si tener sexo, no; era la tortura de saber, de sentir, la sensación que le corroía cada vez que estaba con él. Era tormentoso, no podía evitarlo; sabía que nunca tendría más que sexo, a pesar y aclarando; que podían platicar, jugar, llorar, reír, y confiase sus más íntimos temores. Amor… Jamás y ella…lo amaba infinitamente…

¿Amor? Que sabía ella de ese sentimiento absurdo como su vida, decía que amaba intensamente su vida y no por ello dejaba de ser presa de su misma libertad. 

Entregaba su cuerpo día tras día, era sin duda, algo que le atraía; le llenaba hasta el fondo de su ser, como embelesada, en el momento; mientras disfrutaba como se consumía, desde su cuerpo, hasta su alma. Pero, en sí, ¿por qué lo hacía? si después de unos días, cuando se daba cuenta de que todo ese estado de aparente felicidad; se convertía en sopor, en angustia, en abandono, despertaba a su cruel realidad y…. no encontraba nada, ni siquiera jirones de la ropa; que desgarrada como su alma, había depositado, entregado a un ser; desvirtuando, lo que una entrega, se convertía en nada.

Si por lo menos, supiera que haciéndolo bien; siendo de la buenas, no las esquineras, podía sacar un billete, sacar pero no perder. No sacrificar más, que un poco de su cuerpo, de su juventud; más no de su alma o su corazón.

Atraída por la ignorancia o tal vez por el deseo fatuo, de sentir, que sus encantos, no se le acabarían; mentira, se le acabo hasta el más ínfimo de sus sentimientos, hasta las ganas de creer en sí misma, como ser humano.

Acariciaba la idea, de tener a su lado quien la amara; quien la apoyara, quien la aceptase tal y como era, con todo y sus defectos, con todo y sus ideales; pudo una y otra vez caer en la tentación, de creer que había encontrado al ser perfecto. Si claro, pero en su imaginación, porque siempre lo creaba en su cabeza. El mundo que esperaba que fuera, aquel que recreaba para sí, aunque después, despertaría y se daría cuenta, de que esa no era la realidad.

Podía haber pasado toda la vida buscando y jamás encontrar absolutamente nada. Pero a la fuerza de sentirse cada vez más vacía; en su ser y en su alma, decidió que tenía que despertar; que terminaría su vida de cama en cama, de beso en beso, sin encontrar nada, sin que se encontrase a sí misma.

Su familia, la cual era como el adorno del jarrón de flores marchitas sin agua, que las podría cada vez que había nuevas en él. No existían más que para extenderle cheques, pagar sus lujos y dejarle sola cada día, de cada semana, de cada mes a lo largo de sus pocos años de vida.

Cuando un día se dijo - ¿oye? - ¿No crees que es tiempo, de que tengas amor por ti misma; que luches por tus anhelos, que descubras dentro de tu ser; lo que realmente eres y deseas ser? ¿Acaso no es momento de sacar todas las frustraciones; de despertar todo los días y decirte cuanto vales, cuanto mereces, cuanto puedes hacer por ti misma, cuanto has perdido? No importa, saca lo mejor de todo ello y ponte a pensar, que, cada error, si es que se le puede llamar así, tiene una contraparte.

Para todo mal, hay un bien, para toda acción una reacción. Sin importar cuanto te duela, cuanto sufras, cuanto trabajo cuesta, siempre de todas las cosas que hacemos; siempre encontraremos algo positivo que transformar. Cuando descubrimos ese potencial, esa energía que fluye a través de nuestro cuerpo, es entonces, cuando sabemos cómo cambiar el polo, ese estado de lo negativo a lo positivo.

Nunca es demasiado tarde para cambiar, algunas personas se resisten a trasformar su entorno; esas personas lo único que hacen es seguir caminando, con la muletas de los pretextos, con los sustentáculos de  víctima, que decide no perder el poder de sentir que a través de ese sufrimiento y de los traumas, logrando solamente, que la gente les tenga lastima. Simplemente se sienten importantes, demostrando que son débiles, aunque la realidad; es todo lo contrario. Su fuerza radica precisamente, en la forma de manipular a los demás, para conseguir lo que les plazca.

No importa que hayas hecho en tu vida; si fue malo, si fue incompleto, si vives con frustración. Lo que realmente importa es observar hacia adentro; escuchar tu interior, abrir tu corazón y tu alma; tirar todas aquellas cosas que no sirven, que nos lastiman como piedras permanentes en los zapatos; dejar los rencores, aceptarnos como somos y a los demás. Ver que en cuanta pared te topes; sáltala siempre hay algo detrás de ella. Que cada vez que giras una perilla, abres una puerta, que cada oportunidad es una brecha para llegar al valle.

No es malo tener fantasías. Lo malo es no disfrutarlas; no es malo tener pasiones desenfrenadas, lo malo es; no canalizar la energía y desperdiciarla, hasta hacerla frustración. No es malo desnudarse, desprenderse de cada prenda, finalmente nuestra alma se desnuda, cuando descubrimos quienes somos y adónde vamos. Tampoco  es malo sentir cualquier emoción, es sentirse vivo; sensibilizar para poder humanizar y sobre todo; no es malo vivir, lo malo es no disfrutar nuestra decisión, de cómo vivirla.    

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